A todos nos gusta llevar las riendas de nuestra vida, decidir cuando queremos ir a 180 por hora para no enterarnos de lo que pasa a nuestro alrededor, o cuando sin embargo queremos reducir la velocidad para poder contemplar las vistas y quedarnos con todos los detalles posibles. No nos gusta que nos digan lo que debemos hacer, aceptamos consejos de aquellos que dejamos entrar en nuestra vida o bien porque se lo merecieron desde el primer instante en que los conocimos, o porque simplemente sabemos que siempre tienen razón.
Muchas veces alardeamos de ser felices porque hacemos lo que queremos y con quien queremos, elegir nuestra carrera, dónde queremos estudiar, y en qué vamos a invertir nuestro futuro son las decisiones más importantes que hemos tomado hasta ahora, bueno, y tal vez echar a alguien de nuestra vida que no nos importaba mucho o nos estaba pidiendo a gritos que le dejáramos irse.
¿Pero qué pasa cuando a quién echan es a nosotros?, ¿Y cuándo llegan los cambios y no estamos preparados para hacerles frente?, ¿Y cuando nadie nos dice lo que tenemos que hacer y es la vida misma la que decide cambiarnos el rumbo o llevarnos por una carretera que desconocíamos?. Una vez escuché que la mejor forma de enfrentarse a los cambios es adaptarse a ellos, menuda gilipollez, como si fuera tan fácil, es como el que dijo lo de "Ojos que no ven, corazón que no siente", una de dos, o era gilipollas integral, o probablemente había visto mucho hasta entonces...Porque sino no me lo explico, todavía no conozco a nadie que no sufra por no saber qué es lo que pasa a su alrededor....pero bueno, a lo que íbamos, que los cambios llegan cuando menos te lo esperas, y para los importantes nunca estás preparada, a lo mejor te pillan tomándote un café o durmiendo la siesta en la piscina, y cuando sabes perfectamente que esos cambios no son buenos, que se llevan a personas importantes de tu vida, lo mejor que puedes hacer es aceptarlos y no torturarte.
Somos demasiado masocas y cuanto más queremos olvidar a alguien más nos dedicamos a intentar recordarle, viendo sus fotos, sus mensajes, cotilleando su facebook para ver si encontramos algún síntoma de que todavía nos echa de menos, en vez de pasar página, y esperar que la herida se cierre o el betadine haga su función.
Supongo que uno de los misterios de la vida, es que nunca deja de sorprendernos, y a veces asimilar esas sorpresas nos puede llevar años, otras con el paso del tiempo, incluso acabamos agradeciendo que ocurrieran, pero solamente con el paso del tiempo.
Estas letras miopes sobre líneas retorcidas quieren rendir mi humilde homenaje a todos aquellos que alguna vez se han dejado la piel por dejarse llevar, a todos los que mandaron su razón a la mierda y lo hicieron de todo corazón, a los que ya no encuentran porque se lo han buscado y a los que prefieren vivir de esta manera antes que irse muriendo de cualquier otra, a los que eligen desterrarse de toda estabilidad y exiliarse de cualquier cosa parecida a la comodidad.
"Mirar las cosas a las que entregaste tu vida rotas, agacharte y reconstruirlas con armas viejas".
Quizá hubo tiempos mejores, pero este es el nuestro y vamos a vivirlo.
A sonreír se aprende habiendo llorado mucho. Cuando te suena demasiado cualquier principio. Cuando deja de sorprenderte cualquier final. A sonreír se empieza en cuanto se aprende a soñar flojito.Es inefable, pásate varios años con demasiadas ilusiones sin cicatrizar, y a todos tus sueños les acabará saliendo alguna arruga. Pero hoy no quiero hablar de sueños, sino de sonrisas. Si hay algo que realmente me fascina del acto de sonreír es lo mucho que se obtiene frente a lo poco que cuesta. Lo poco que abunda frente a lo gratis que es. Lo bien que conozco el teorema, lo poco que me lo sé.
"He comprendido con los años que para ganar siempre hay que arriesgar, y que mientras haya un halo de esperanza jamás hay que rendirse; que cuando nada puede ser como antes es porque no debe ser como era, y sobre todo, que las cosas siempre acaban, y lo importante es saber aprovecharlas para luego no echarlas demasiado de menos, aunque a veces eso resulte imposible."
Hay heridas que ni el tiempo las cura.
"Hacer periodismo no es más que contar de forma humilde las cosas como son"
"No basta con querer: debes preguntarte a ti mismo qué vas a hacer para conseguir lo que quieres".
Los héroes nunca lloran.
Cuando se está cansado de Londres, se está cansado de la vida.
"Tenemos cicatrices en los lugares más insospechados como si fueran mapas secretos de nuestra historia personal, vestigios de viejas heridas. Algunas heridas se cierran dejándonos sólo una cicatriz pero otras no. Algunas cicatrices las llevamos a todas partes y aunque la herida cierre el dolor persiste. ¿Cuáles son peores las nuevas heridas terriblemente dolorosas o las viejas que debieron cerrarse hace años pero no lo hicieron? Quizás las viejas heridas nos enseñan algo, nos recuerdan dónde hemos estado y lo que hemos superado, nos enseñan que debemos evitar en el futuro o eso creemos aunque en realidad no es así, hay cosas que debemos aprender una y otra vez."
"La gente que vale la pena es la que está en permanente lucha contra algo".
Santiago: un atisbo de luz entre tanta oscuridad.
"Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino solo estelas en la mar".
"De camino a Ourense nos contaba Fernando que el Camino de Santiago es una alegoría del camino de la vida. Nos decía que en él encontraríamos piedras, que representan los obstáculos que tendremos que afrontar a lo largo de nuestro viaje; cuestas hacia arriba, que simbolizan las dificultades a las que deberemos enfrentarnos si queremos alcanzar nuestras metas. Además llevaremos a rastras nuestras mochilas, que guardan dentro de sí todas las experiencias que vamos acumulando con el paso del tiempo; y como objetivo final hallaremos Santiago, la meta de todo peregrino que simboliza a la perfección los logros y recompensas que obtendremos a lo largo de nuestro camino. De camino a Alicante le decía yo a Fernando que el Camino de Santiago es mucho más que el camino de la vida: es lo que te enseña a vivir y disfrutar de la vida".
Familia es con quien quieras estar
miércoles, 27 de julio de 2011
sábado, 23 de julio de 2011
las cosas que pasan
"Cuando conseguimos la casa, me fui a comprar una mesa amplia para la terraza y un montón de sillas para acompañarla; y mientras las colocaba una a una imaginaba llena de ilusión y esperanza cómo todas ellas serían ocupadas por personas muy especiales, y la mesa además, sería testigo de las comidas y cenas familiares más bonitas de la historia. Lo cierto es que me sentía satisfecha por haber podido formar tras muchos años de lucha y sufrimiento, la familia que yo nunca tuve, y esperaba que siempre estuviésemos unidos y jamás nos separáramos.
Lo que nunca podía llegar a esperar es que con el paso del tiempo, esa mesa sería testigo de muchas reuniones y acontecimientos pero nunca de las comidas o cenas familiares que a mí tanto me hubiera gustado celebrar, y que además con el paso de los años tomaría la decisión de guardar muchas de las sillas que compré porque me di cuenta que había personas que se habían ido que ya no volverían jamás, por eso solamente dejé tres sillas, para nosotras, y aunque resultaba ser un verdadero problema cuando venían tus amigos a comer o las mías a hacerme compañía, me fui acostumbrando a ver esas tres pequeñas sillas juntas y esa mesa tan amplia que la utilizamos para todo menos para lo que fue comprada...Y ahora, con todas las cosas que han pasado, y después de todos los baches y obstáculos que hemos tenido que hacer frente para llegar a donde estamos, tener que volver a sacar sillas, coger otras tantas del comedor porque todavía faltan, e incluso dejar la botella de agua y el pan en el suelo porque no cabe en la mesa me produce una sensación muy extraña, y a la vez contradictoria.
LLegó un momento en que pensé que nunca jamás celebraríamos esas comidas y cenas familiares, y ahora al vernos a todos juntos y reunidos otra vez, ( y no es que estemos en nuestro mejor momento, pero estamos, que eso es lo importante), significa tanto para mí que no sé como explicártelo...
Y es que a veces piensas que la tormenta nunca va a pasar, que Dios se ha olvidado de ti y te ha abandonado, o que simplemente naciste estrellada y las cosas nunca volverán a ser como antes, pero entonces, te levantas un día cualquiera cuando ya has perdido toda la esperanza y confianza en ti misma, y te das cuenta que todo está empezando a cambiar, que parece que el sol vuelve a salir de nuevo, renace tu fe, y encuentras bajo la almohada la estrella que perdiste hace tanto tiempo y que vuelve ahora para guiarte, y es cuando por primera vez en mucho tiempo sabes de sobra que las cosas van ir mucho mejor, y que ya nunca más tendrás que volver a guardar sillas en el armario".
Lo que nunca podía llegar a esperar es que con el paso del tiempo, esa mesa sería testigo de muchas reuniones y acontecimientos pero nunca de las comidas o cenas familiares que a mí tanto me hubiera gustado celebrar, y que además con el paso de los años tomaría la decisión de guardar muchas de las sillas que compré porque me di cuenta que había personas que se habían ido que ya no volverían jamás, por eso solamente dejé tres sillas, para nosotras, y aunque resultaba ser un verdadero problema cuando venían tus amigos a comer o las mías a hacerme compañía, me fui acostumbrando a ver esas tres pequeñas sillas juntas y esa mesa tan amplia que la utilizamos para todo menos para lo que fue comprada...Y ahora, con todas las cosas que han pasado, y después de todos los baches y obstáculos que hemos tenido que hacer frente para llegar a donde estamos, tener que volver a sacar sillas, coger otras tantas del comedor porque todavía faltan, e incluso dejar la botella de agua y el pan en el suelo porque no cabe en la mesa me produce una sensación muy extraña, y a la vez contradictoria.
LLegó un momento en que pensé que nunca jamás celebraríamos esas comidas y cenas familiares, y ahora al vernos a todos juntos y reunidos otra vez, ( y no es que estemos en nuestro mejor momento, pero estamos, que eso es lo importante), significa tanto para mí que no sé como explicártelo...
Y es que a veces piensas que la tormenta nunca va a pasar, que Dios se ha olvidado de ti y te ha abandonado, o que simplemente naciste estrellada y las cosas nunca volverán a ser como antes, pero entonces, te levantas un día cualquiera cuando ya has perdido toda la esperanza y confianza en ti misma, y te das cuenta que todo está empezando a cambiar, que parece que el sol vuelve a salir de nuevo, renace tu fe, y encuentras bajo la almohada la estrella que perdiste hace tanto tiempo y que vuelve ahora para guiarte, y es cuando por primera vez en mucho tiempo sabes de sobra que las cosas van ir mucho mejor, y que ya nunca más tendrás que volver a guardar sillas en el armario".
jueves, 7 de julio de 2011
Hablando de Shakespeare...
Shakespeare escribió una vez "Conservar algo que me ayude a recordarte, seria admitir que te puedo olvidar", tal vez una de las grandes virtudes del dramaturgo inglés es que era capaz de recordar a la gente a la que amaba sin la necesidad de coleccionar objetos o fotografías que le ayudasen a inmortalizar momentos.
Tal vez a Shakespeare no le aterrorizaba el verbo "olvidar" y lo veía como algo natural que pasaba muchas veces en la vida de la gente normal, pero que jamás ocurriría entre aquellas personas que se querían de verdad o habían compartido momentos importantes juntos.
Sin embargo los seres humanos sí que necesitamos continuamente algo que nos ayude a recordar a los demás o al menos a no olvidarlos, sin darnos cuenta coleccionamos fotografías para detener momentos en el tiempo que quedarán enmarcados para siempre, solemos tener un cariño especial a objetos peculiares que nos regaló alguien que en una época nos importó demasiado, y puede que hoy en día conservar ese regalo sea la única forma de no olvidarle del todo.
Tenemos miedo a cambiar de casa porque nos resulta doloroso abandonar el hogar que nos ha visto crecer, que ha sido partícipe de nuestros buenos y malos momentos, donde hemos madurado y sobre todo donde hemos aprendido a afrontar los problemas desde el principio hasta el final.
Las pulseras suelen ser un distintivo de las relaciones, hay algunos que nunca se las quitan aunque pierdan el color o se vuelvan feas, pero prefieren llevarlas a enfrentarse al temor de ver la muñeca vacía de amor.
Gurdamos mensajes de móvil, correos electrónicos, postales, dedicatorias de libros…Pero sobre todo cartas, tenemos un gran debilidad por las cartas escritas a mano, tal vez sea porque al leerlas parece que seamos capaces de imaginar a la persona que nos la escribió frente a nosotros, diciéndonos todas esas palabras sacadas del alma una y otra vez.
Necesitamos conservar cosas para no olvidarnos de lo que hemos vivido, y necesitamos coleccionar otras tantas para no dejar de recordar a la inmensa cantidad de gente que ha pasado por nuestra vida y que de una u otra manera nos ha acabado marcando para siempre.
Resulta irónico que cuando nos preguntan por qué guardamos todavía la cuenta de esa cena de hace años, o el ticket de aquel regalo de cumpleaños, argumentemos que o lo hacemos por costumbre, o porque nos gusta ser ordenados y saber en que nos gastamos el dinero.
Pero mentimos, mentimos porque como seres humanos que somos, imperfectos y con tendencia a equivocarnos, olvidamos y abandonamos continuamente lo que amamos, y en el fondo conservar algún recuerdo de aquella cena en la que tanto nos unimos, o de aquella tarde en la que tan bien nos lo pasamos, nos hace sentirnos felices, y aunque nos de vergüenza reconocerlo, a la misma vez tranquilos al saber que la gente nos quiere y piensa en nosotros, y que aunque nos quejemos de lo injusta que es la vida, alguna vez hemos sido capaces de disfrutarla al máximo y recordarlo nos da fuerza y coraje para enfrentar todo lo que nos espera por delante.
Shakespeare era un genio que no necesitaba de todo esto para recordar a sus seres queridos, desechaba los objetos materiales porque le bastaba con los recuerdos que guardaba bajo llave en su corazón, pero es curioso que nosotros hayamos tenido que conservar cientos de obras y escritos suyos para no olvidarle jamás.
Tal vez a Shakespeare no le aterrorizaba el verbo "olvidar" y lo veía como algo natural que pasaba muchas veces en la vida de la gente normal, pero que jamás ocurriría entre aquellas personas que se querían de verdad o habían compartido momentos importantes juntos.
Sin embargo los seres humanos sí que necesitamos continuamente algo que nos ayude a recordar a los demás o al menos a no olvidarlos, sin darnos cuenta coleccionamos fotografías para detener momentos en el tiempo que quedarán enmarcados para siempre, solemos tener un cariño especial a objetos peculiares que nos regaló alguien que en una época nos importó demasiado, y puede que hoy en día conservar ese regalo sea la única forma de no olvidarle del todo.
Tenemos miedo a cambiar de casa porque nos resulta doloroso abandonar el hogar que nos ha visto crecer, que ha sido partícipe de nuestros buenos y malos momentos, donde hemos madurado y sobre todo donde hemos aprendido a afrontar los problemas desde el principio hasta el final.
Las pulseras suelen ser un distintivo de las relaciones, hay algunos que nunca se las quitan aunque pierdan el color o se vuelvan feas, pero prefieren llevarlas a enfrentarse al temor de ver la muñeca vacía de amor.
Gurdamos mensajes de móvil, correos electrónicos, postales, dedicatorias de libros…Pero sobre todo cartas, tenemos un gran debilidad por las cartas escritas a mano, tal vez sea porque al leerlas parece que seamos capaces de imaginar a la persona que nos la escribió frente a nosotros, diciéndonos todas esas palabras sacadas del alma una y otra vez.
Necesitamos conservar cosas para no olvidarnos de lo que hemos vivido, y necesitamos coleccionar otras tantas para no dejar de recordar a la inmensa cantidad de gente que ha pasado por nuestra vida y que de una u otra manera nos ha acabado marcando para siempre.
Resulta irónico que cuando nos preguntan por qué guardamos todavía la cuenta de esa cena de hace años, o el ticket de aquel regalo de cumpleaños, argumentemos que o lo hacemos por costumbre, o porque nos gusta ser ordenados y saber en que nos gastamos el dinero.
Pero mentimos, mentimos porque como seres humanos que somos, imperfectos y con tendencia a equivocarnos, olvidamos y abandonamos continuamente lo que amamos, y en el fondo conservar algún recuerdo de aquella cena en la que tanto nos unimos, o de aquella tarde en la que tan bien nos lo pasamos, nos hace sentirnos felices, y aunque nos de vergüenza reconocerlo, a la misma vez tranquilos al saber que la gente nos quiere y piensa en nosotros, y que aunque nos quejemos de lo injusta que es la vida, alguna vez hemos sido capaces de disfrutarla al máximo y recordarlo nos da fuerza y coraje para enfrentar todo lo que nos espera por delante.
Shakespeare era un genio que no necesitaba de todo esto para recordar a sus seres queridos, desechaba los objetos materiales porque le bastaba con los recuerdos que guardaba bajo llave en su corazón, pero es curioso que nosotros hayamos tenido que conservar cientos de obras y escritos suyos para no olvidarle jamás.
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Aquel que dijo más vale tener suerte que talento conocía la verdadera esencia de la vida.
" Cristina siempre me acuerdo de ti, últimamente no te he podido escribir porque cada vez las cosas van peor, pero espero que hablemos pronto y así poder contarte. Te deseo mucha suerte en tus trimestrales, aunque seguro que no te hace falta. Tú estate tranquila, y no olvides que me acuerdo todos los días de ti. Te quiero cris."
Ves cosas y dices: ¿Por qué?,pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo: "¿Por qué no?".
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.
La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
Somos lo que escribimos.
Cuando crezcas descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo, o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan.
"El arte saca lo peor del artista"
" Con colores, lienzos, y alguna que otra pluma se pueden crear ilusiones, se pueden conquistar papeles en blanco y hacerlos tuyos para siempre. Con teclados y parejas de movimientos se le puede mostrar al mundo todo lo que te gustaría haber dicho y nunca dijiste, todo lo que te gustaría haber sido, y nunca tuviste valor de serlo. Con esfuerzo y ganas se pueden conseguir metas inalcanzables, con dolor y sufrimiento se puede aprender a no volver a caerte, a saber decir "no" en la vida. Con un balón de fútbol y una camiseta se ganan mundiales, con luces y semáforos se despiertan ciudades y nacen amaneceres. Con una mano se puede crear magia, con dos, tocar canciones inolvidables. Con miradas y sonrisas, pueden nacer historias interminables, y con gestos y pasos se puede poner fin a principios cercanos. Con una palabra se pueden clavar sentimientos en el alma, y con un salto se puede ganar una batalla. Con colores, lienzos, y alguna que otra pluma se pueden crear ilusiones, pero también romperlas a pedazos, se pueden abandonar papeles en blanco y hacernos de nadie, para siempre."
"A different language is a different vision of life"
Se necesita toda una vida para aprender a vivir.
Lo bueno nunca acaba si hay algo que lo recuerda.
"Yo soy de las que piensan que la vida es la suma de las historias cargadas de buenos momentos, es la suma de los recuerdos felices, o las situaciones plagadas de sonrisas; y lo que verdaderamente importa, es que al final de tu vida, tengas millones de historias de ese tipo que contar, a quien esté dispuesto a escucharlas."