Querido Samuel:
No te miento si te digo que no fui consciente de que iba a un lugar desconocido con gente desconocida hasta que el AVE estaba llegando a Córdoba y los nervios comenzaban a aflorar por mi cuerpo. Ya sabes, lo de siempre: temblor de manos, sudoración y mariposas en el estómago; pero ahora que estoy aquí, me alegro de no haberme comido la cabeza en balde, porque he descubierto un refugio maravilloso y unas personas extraordinarias.
Qué bueno es lanzarse hacia lo desconocido, a veces. Qué bueno es sentir que debes estar en un sitio determinado, porque te lo dice la voz de tu corazón, y hacerle caso y seguir su impulso.
Hoy me he dado cuenta de que el proyecto de Jesús tampoco es tan diferente al mío. El busca el AMOR y la VIDA; igual que yo. Él pone sus días al servicio de los demás; igual que me gustaría hacer a mí: una vida dedicada por y para los demás, ¿sino de qué sirve vivir?
Tal vez me falta desprenderme de ese "ego" occidental que a veces marca mi existencia, ese miedo a no ser "diferente" y que a los demás me vean como alguien normal, sin más.
Tengo que empezar a no querer sobresalir, a que lo que realmente me importe sea el resto de personas que me rodean y cómo puedo ayudarlas. Todavía no he encontrado mi "yo" auténtico en Grupos y sigo buscándolo, el "me da igual que no quede bien", lo digo y punto.
Joder, Samuel, ¿ves lo que ha pasado? Que he empezado escribiéndote a ti y he terminado, como siempre, hablándome a mí misma, o a Dios, o al "padre", como dicen aquí los andaluces. Gracias, Samuel, porque siempre me permites llegar al "cielo" desde la "tierra" y me invitas a ser mejor.
He pensado en ti cuando Salva ha preguntando quiénes eran nuestros modelos de referencia. He pensado en ti y no me avergüenza decir que te tengo idealizado. ¿Acaso Jesús no tenía idealizados a su padre y a su madre? ¿Acaso él no tenía favoritos, como lo era Juan?
Para mí en esta convivencia lo es Fernando, un niño entrañable y realmente mágico (cuando escribí esto, Fernando pasó por mi lado). Bueno, podría contarte más cosas, pero debo darme a los demás, que para eso he venido, para "darles de comer", ¿no?
Hablamos pronto. Me debes un abrazo y unos cuantos deseos de que todo vaya bien. Ya sabes de mi miedo al futuro y necesito que me ayudes a CONFIAR. Termino como lo hago en cada convivencia: prometiéndome a mí misma estar más cerca de Jesús y prometiendo no llorar si las personas o los momentos no me tocan verdaderamente el corazón.
Un beso sincero y un abrazo de acompañada, querido apoyo. Gracias por aparecer en mi vida.
Te quiere y te admira: Cris (en búsqueda)