Desde que tenía catorce años. Siempre luchando. Desde entonces no recuerdo ninguna época de mi vida en la que no tuviese que enfrentarme a algún obstáculo para alcanzar mis metas. No me infravaloren. He vivido situaciones que no me pertenecían: amores de idas y venidas, enfermedades que me impedían seguir adelante, sonrisas que me abandonaban por ver sonreír a otras...siempre contra viento y marea y sin mirar atrás, bueno, a veces miraba de reojo para no olvidar lo que había aprendido y para recordarme a mí misma de dónde venía.
Nunca he tenido suerte, en nada. Mis éxitos han sido fruto de mucho esfuerzo, de noches sin dormir, de una garganta que ya no se escuchaba ni a sí misma y de la labor de una mujer que desde que me tuvo, por primera vez, entre sus brazos nunca me ha soltado. Jamás. Y lo ha vivido conmigo todo. Y conoce cada rincón de mi personalidad como si fuese ella misma. Y aún así me quiere.
Pero siempre me he levantado, porque tengo fe, porque si no creyera en que alguien, desde el cielo, nos guía en nuestro camino, mis ojos no podrían haber soportado tanta maldad. Porque creo que al final a las personas buenas les ocurren cosas buenas, que solo tienen que esperar porque el tiempo pone a cada uno en su lugar. Por eso, no me he rendido nunca. Por eso, y porque algo dentro de mí no me dejaba.En los peores momentos una voz me susurraba "Vamos, joder, que aún queda mucho por recorrer". Pero hay momentos en los que no puedo más. No se trata de rachas ni de malas semanas, la historia de mi vida es una historia de lucha, de causas perdidas. Es una historia de despedidas y de nostalgia, con algún instante feliz perdido entre mis manos temblorosas y mis ganas de llorar contenidas.
Y lo peor es que hoy la vida no me ha enseñado nada que yo no supiese ya. Solo me lo ha recordado por si se me había olvidado: cuando más tranquila estés, cuando bajes la guardia, cuando te despistes o cuando simplemente confíes en el que tienes al lado, te pegará un acelerón para adelantarte y estamparte contra la pared. Sin lo sientos que valgan, sin remordimientos. "La gente no ayuda, Cris, pareces tonta" es lo que más he escuchado hoy. La vida solo me ha enseñado lo que yo venía sospechando desde hacía tiempo. Y la verdad es que soy tonta, porque con todas las cosas que me han pasado, que les contaba al principio, y todavía me fío de la bondad de la gente. Mis ojos no sabían dónde mirar. Yo no me lo podía creer. ¿Ya? Y esa mirada mezcla de enfado, rabia, decepción, que bien podría resumirse en un simple "Cris, ¿qué cojones has hecho?" la llevaré clavada en mi alma para siempre.
Ha sido un cuatrimestre difícil. De tensión y de traiciones. De exageración y de reflexiones peligrosas; pero sobre todo, ha sido un cuatrimestre plagado de miedos: ¿de verdad que es esto lo que me espera a partir de ahora? Solo Guardamar y los grupos me han devuelto la calma que tantas veces he pedido, bueno, no puedo ser injusta: tengo gente a mi alrededor, que a pesar de todo, no me la merezco. Son buenas personas y me quieren. No puedo pedir más. Sin embargo, ellos no saben que mi corazón ya no tiene tantas ganas de amar como antes; que ya no puede agradecerles sus muestras de cariño porque está demasiado alerta, demasiado ocupado buscando algún posible signo de decepción o abandono. Porque no conozco sensaciones más desgarradoras que sentirse abandonada y decepcionada. Y yo las he sentido tantas veces como cicatrices conviven cada día con el resto de mi cuerpo.
Así que hoy no ha sucedido nada nuevo, simplemente es que el vaso está muy lleno y las espinas escuecen mucho, así que por algún lado había que explotar. Lo sé, sé que hay muchas formas de interpretar lo de los acelerones y sé que no debería quedarme solo con que mi vida se resume en eso: gente que intenta pisarme y apartarme de su vida por la fuerza, porque yo hoy no me he estampado, porque estaba Leo a mi lado, porque últimamente siempre está Leo. Desde que comencé y "hasta que termines", bueno, "y luego si quieres pues seguimos". Y cuando no está él están otros. S siempre me cuida. Y la mujer de la que les hablé antes. Y esa retahíla de pesados que no paran de decirme que "cuánto hijo de puta suelto", y que "las putas velas no han funcionado". Saben que me siento orgullosa de ellos. Que hoy no tengo palabras para darles las gracias como es debido, pero que mi amistad es para siempre. No lo dudéis.
Pero al final no hubo alegrías ni celebraciones. Ni tampoco mensajes en el contestador con un simple "APTA", es increíble lo poco que cuesta hacer feliz a una persona, lo mismo que hacerla desdichada. Y es que las fechas malas también se recuerdan. Cinco de febrero.
Sé que son tropezones, y que "hasta los mejores fallan"; pero es que esto solo acaba de empezar, porque les recuerdo que todavía quedan resultados pendientes que parecen traer escritos una única palabra: septiembre.
A pesar de todo, aquí sigo. Dejando mi mierda entre unas cuantas líneas y un sucio teclado que pide desde hace tiempo una limpieza a fondo. Pero él no tiene problemas, se actualiza y a otra cosa mariposa. Qué sencilla sería la vida si de vez en cuando nos pudiésemos actualizar mientras mandamos a la papelera de reciclaje nuestros nudos de sentimientos maltrechos. Pero lo que les decía, que no me rendiré, porque yo no sé hacer otra cosa que luchar. Me quejo y lloro mucho, y vuelvo a llorar, así hasta que no me quedan fuerzas ni para abrir los ojos. Pero luego se me pasa y me vuelvo a levantar, y sigo escribiendo, estudiando, conduciendo, relacionándome con la gente, y lo peor de todo: confiando en que las buenas personas existen. Supongo que habré escogido los caminos incorrectos o que será verdad eso que dicen de que "siempre parece más oscuro antes de amanecer".
"Tranquila, son cosas que pasan. Pero da muchaaa rabia. La semana que viene a topeee".
"Muchas gracias a ti y tú sí que eres una buena alumna. A la próxima te lo sacas. Mañana hablamos".
"Muchas gracias a ti y tú sí que eres una buena alumna. A la próxima te lo sacas. Mañana hablamos".
"Ah y me habría gustado darte una alegría en forma de L".