A
veces me recuerda que su cuerpo solo es un mar de cicatrices, que se siente
mutilado por dentro y que ya no tiene fuerzas para echar a correr detrás de la
mujer a la que ama.
Le
escucho con atención, como lo llevo haciendo desde que tenía quince años y
aterrizó en mi vida con el propósito de no volver a despegar jamás de
ella.
Mientras
le escucho, no puedo dar crédito a su pérdida de pasión y a su falta de
valentía para volver a creer en lo maravillosa que es la vida.
Esta
es la historia de una estrella rota, agujereada y descompuesta. Una estrella a
la que el mundo le ha dado la espalda…una estrella que sin creer en las
estrellas, me ha ayudado a ser quién soy, a recorrer los caminos más
extraordinarios de mi corazón y a aprender a encontrar la belleza en el dolor y
el sufrimiento de los demás.
Él
fue la primera persona que confió en mí. Comenzó revisándome los relatos que
tenía que entregarle a la profesora de Literatura y desde entonces, lo ha leído
todo: entrevistas, reportajes, artículos de opinión, incluso aquellas letras
que reflejan mi lado más tormentoso y reafirman su teoría de que “siempre se te ha dado mejor escribir que hablar”.
Él
me enseñó a luchar por lo que amaba. A no rendirme. Y a nunca conformarme con
algo menos que el cielo. Un día me abrió las puertas de la Literatura y jamás
me ha dejado atravesarlas sola. Me ha enseñado a buscar aquellas historias que siempre
están esperando a que alguien las cuente, y para qué mentir, también me ha
enseñado a darme cuenta de lo que verdaderamente es el amor y ese dolor que lo
acompaña como si de un hermano gemelo se tratase.
Construimos
una relación basada en gestos de complicidad: miradas que hablaban por sí
solas, sonrisas que guardaban sentimientos escondidos y palabras, cientos de
palabras con las que él me obligaba a transformar los finales en principios y
los problemas en oportunidades resueltas en forma de papel y letras maltrechas.
Han
pasado cinco años y todavía recuerdo como si fuera ayer cada una de nuestras
charlas, cada café compartido y cada experiencia que él me transmitía para que
yo les diese forma y color, y así, poder convertirlas en algo eterno.
No
he vuelto a conocer a nadie que estando tan perdido me haya ayudado a
encontrarme a mí misma. Siempre dije que fue mi luz, a veces bailaba con el sol
de las mañanas y otras, luchaba contra la oscuridad más tenebrosa para intentar
salir a flote.
Y
ahora lo veo mutilado, abandonado y muerto por dentro…y yo solo puedo
preguntarte a ti, buscadora de estrellas, ¿cómo se despierta a una estrella
dormida? ¿Cómo curas un alma enferma?
Esta
es la historia que hay detrás de un referente, de una estrella que me brindó su
fuerza y se abandonó a la mala suerte. Y es que a mi estrella le han arrebatado
sus ganas de seguir adelante. Yo estoy buscando mi futuro y él se ha anclado en
el presente.
Una
vez me dijo que yo era su esperanza blanca y me hizo prometer que no lo
olvidaría nunca. Me habló de que siempre había tiempo para equivocarse; pero
que el miedo a fracasar nunca debía impedirme volar, y sobre todo, me demostró
que lo único que necesita este mundo es gente que ame lo que hace.
¿Cómo
le recuerdo ahora sus palabras? ¿Cómo le enseño a tener esperanza si ha
olvidado lo que significa esa palabra?
Quisiera
tanto ser estrella para mi estrella…Me gustaría tanto que algunas personas
fuesen inmortales, por fuera y por
dentro. Mientras trato de hacer inmortales a la gente a la que quiero, por
favor, buscadora de estrellas, ¿podrías regalarle una estrella a la mía para
que consiga brillar de nuevo?