"Y el caso es que sin buscarte, tú apareciste"...Y yo tenía mi vida resuelta, yo estaba saliendo adelante y dejándome querer por mis amigos y el periodismo; estaba feliz, sin sentirme nerviosa, sin preocuparme de nadie, sin saber qué es lo que pasaría, qué es lo que me cambiaría la vida"...Y ahora mírame, me miro en el espejo y solo veo a esa quinceañera enamorada que no hacía otra cosa que buscarle para mirarle desde lejos, observarle; pero nunca me acercaba a decirle nada, a decirle...que desde antes de conocerle, ya le echaba de menos, que yo le había estado esperando desde siempre y que si él quería, podíamos estar juntos toda la vida".
Lo bueno de esta historia es que una etapa de mi vida se ha alejado de mí, soy sincera, no se ha cerrado; pero se ha alejado, se cerraría si siguiésemos adelante...si esas miradas se encontraran cara a cara, en vez de rehuirse cuando huelen peligro. Si esas sonrisas hablasen...la mía te sorprendería, la tuya es un misterio, como siempre...
"Ni siquiera sé si sientes tú lo mismo". Y yo sé que hoy no estoy diciendo nada, pero necesitaba dar forma a este lío de sentimientos que me aprisionan la cabeza desde hace unas horas. Es la primera vez que...que me siento así, que me siento así desde que él no está. es la primera vez que me hace daño pensar que tú no estás. Y como ya no me fío de mi suerte, solo puedo esperar que Dios se apiade de mí y me eche una mano, para conseguir la guindilla que le falta a la tarta de mi vida, el acorde que necesita la canción de ensueño, el titular del reportaje perfecto...Aunque Carlos Sadness lo tenía muy claro: "Aunque tú siempre llegues tarde, yo siempre estaré esperándote".
Termina una semana extraña, una semana que lo quiere decir todo y termina sin decir nada, una semana que se pierde en el final de las canciones y en los giros de personas que no se atreven a mirarse. "Y que vaya bien". Seré imbécil. Seré gilipollas. Eso sí, una cosa no ha cambiado: la que siempre lo pasa mal, sigue siendo la menda. Qué mundo, Dios mío...qué difícil es todo...
¿Por qué siempre me cuestan tanto las cosas?
¿Por qué siempre buscamos un amor correspondido que a veces no nos pertenece? Porque no lo sabemos o porque no queremos creernos que en el fondo lo sabemos: que no es para nosotros, que no deberíamos encandilarnos si luego vamos a sufrir, ¿demasiado tarde, no? Ya estoy dentro, estoy jugando, estoy enganchada, otra vez.