Mienten los que dicen que no escriben porque no tienen nada que decir. Mienten porque siempre tenemos algo que contar, por muy aburrido o confuso que resulte. Lo que pasa es que a veces no sabemos cómo darle forma o no queremos. Porque nos da miedo ver reflejados nuestros sentimientos en una pantalla, porque no queremos decirnos a la cara cosas que deseamos que no existieran o porque, simplemente, siempre buscamos motivos para no hacer aquellas cosas que tan difíciles nos resultan. Yo ya dije un día que dejaba a un lado todas las normas ortográficas aprendidas durante la carrera y esa maldita perfección a la que nos han acostumbrado, para dar rienda suelta a mis palabras. Siento utilizar a este blog como vomitero para dejar escapar estas sensaciones que se me acumulan en el pecho y nunca terminan de salir del todo.
Con todo esto solo quería decir que hoy me apetece escribir y no he encontrado ningún motivo fuerte que me lo impidiese.
Me apetece escribir porque me están pasando cosas interesantes que quiero dejar escritas para la posteridad. Ya saben, por si un día me hago famosa y quieren analizar mi personalidad con "nuevos escritos encontrados sobre la autora que demuestran lo mal que estaba de la cabeza". Pues eso. Para que los que vengan detrás se lo pasen bien leyendo mi locura.
No se pueden imaginar lo que ha cambiado mi vida en apenas unos días, pero es que eso es lo que tiene la vida. Que la muy hija de puta se olvida de ti durante unos meses y un día, en la siesta, repito, EN LA SIESTA, te da un empujón y te suelta: ¡Oye! ¡Que te toca vivir! El lunes empecé a trabajar, les puede resultar un acontecimiento sin importancia, pero para mí no lo es. Se trata de la primera vez que trabajo. la primera vez que ME PAGAN, para ser exactos. Y CON CONTRATO, para ser más exactos y dejar claro que me han pagado y me gano la vida de otras maneras más ilícitas. Estaba asustada. Nerviosa. Cansada, porque me levanto a las 6.40 todos los días para coger el tren de las 7.15 y andar unos 15 minutitos para llegar al trabajo y solo hago cuatro horas. Pero estoy contenta. Porque por primera vez en mi vida están valorando mi trabajo incluso antes de saber si soy apta para ello.
Digo que me ha cambiado la vida, porque ahora miro con morriña a los que van a clase todos los días. Porque yo no puedo. Y ya lo echo de menos. Es increíble como terminamos echando de menos lo que un día echamos de más. Echo de menos levantarme para ir a clase y solo hace tres días que no lo hago. Pero creo que es por todo lo que lleva detrás estudiar. Miro a las niñas del CEU que me arrebatan cada mañana el silencio del tren y las miro con morriña. Como si yo estuviera en otro mundo diferente. El laboral, qué fantástico, oye. Siento que he dejado una parte de mi vida atrás y que ya no la voy a recuperar jamás. Que me estoy haciendo mayor y que el tiempo pasa muy rápido. Y, sobre todo, que no me han dado tiempo para asimilarlo. Que hoy estaba firmando un contrato y escribiendo mi nuevo número de la Seguridad Social y la semana pasada pensando que Ética es un tostón.
Hay que ver cómo crecemos y cuántas cosas dejamos atrás. Y nunca, nunca, estamos preparados para las despedidas. Para soltar lo que la vida nos regala y un día nos arrebata sin previo aviso, la cabrona. También estoy ilusionada, porque a pesar de que no hago el periodismo idílico que no sé si un día lograré hacer, me gusta lo que hago. Me gusta la comunicación y me gustan mis compañeros. Creo que puedo hacer las cosas bien y si solo llevo tres días y no quiero llorar ni suicidarme, es que la cosa no va a pintar mal, ¿no?
Por cierto, que no solo me ha pasado esta mierda, ¿eh? lo digo para los que lleven la mitad de su vida trabajando y no comprendan la importancia de empezar a cotizar para nuestro querido país. Y es que no saben la cantidad de decisiones que he tenido que tomar esta semana. De verdad que no lo saben. Bueno, tal vez solo dos o tres. Pero en la misma semana y hasta Salva dijo que eran muy difíciles y que me llevarían tiempo.
¡Ah! Que se me ha olvidado comentar que tengo un nuevo S en mi vida. Si es que hace mucho tiempo que no nos leemos. Todavía estamos en proceso de conocernos, pero Salva me ha dicho que me va a enriquecer mucho y que me va a aportar cosas muy buenas. Que he elegido a una buena amistad. Yo también lo creo. A veces no hay que preguntar las cosas, porque tu corazón sabe perfectamente qué es lo que tienes que hacer. A lo que iba, que me lío, que hay otras cosas por las que sí hay que preguntar. Como por ejemplo dónde coño vas a pasar agosto. Si durmiendo en el suelo y comiendo bichos, como dice Gonzalo, o visitando uno de los países más fascinantes de este mundo. Que el placer y el voluntariado no están reñidos. Que soy demasiado joven, que me vaya a África con Pencho, de locos. ¿Que a dónde me voy? Pues mi S de toda la vida y mi nuevo S me lo están gestionando. Pero ahora mismo no lo sé ni yo. Qué será de mi vida en agosto, lo único que tengo claro, y esto también lo he decidido yo solita es que ese periodismo idílico comienza por hacer estas cosas. Y que no lo tengo que abandonar, que luego nos acomodamos al dinerillo y a tener una vida fácil y se nos olvida porque estudiamos lo que estudiamos.
Oye, y qué cariño le he cogido a mi REC. Porque es mío, porque hay gente que me ayuda, pero yo me lo guiso y yo me lo como, aunque necesito un becario. Pero me gusta tanto la radio que creo que nos hemos casado para siempre. Es uno de esos matrimonios que sabes que nunca se acabarán, porque estamos condenados a entendernos. Por mí como si REC dura toda la vida. Porque me encanta, lo disfruto y me enriquece no saben cuánto. La magia de la radio, yo qué les voy a contar.
Y también tengo más cosas que contarles, como que alguien me ha abierto los ojos últimamente y hay temas que tengo que solucionar, en concreto, uno. Con una persona, con la de siempre, vaya, y que lo voy a hacer, porque mi tercera S, la única femenina, me lo ha dicho también mientras paseábamos el otro día por el barrio. Que no me quede con las ganas de decirle a alguien lo que quiera, o que lo quiero, según por donde se mire. Bueno, y que el sábado empiezo Francés, y que a lo mejor si puedo ir a la Pascua con mis fierecillas que los quiero mucho a esos pendejos adolescentes. Y que mañana me entrevistan en COPE sobre la religión, toma ya. Tengo que hablar de lo que significa Dios para mí, y es que yo creo que Dios es como un paraguas, que siempre está conmigo cuando me mojo, cuando estoy a punto de hacerlo, y cuando hace mucho sol, por si acaso lloviese de repente.
¿Ven como mienten los que dicen que no escriben porque no tienen nada que contar? Siempre hay algo que contar, el corazón siempre quiere hablar, pero muy pocas veces le damos permiso. Y ahora que ya estoy terminando me siento tan bien. A pesar de que he tocado muchos temas de forma superficial, pero bueno, mi intención no es tener esto tan abandonado como está siempre. Prometo y me comprometo a dejarme caer más por aquí, eso sí, cuando tenga algo que contar, es decir, cuando no encuentre ningún motivo para no hacerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.